
Cuando jugamos en línea, hay mucho de humor, picas y comentarios en caliente. Es normal que, con el estrés de la partida, se nos escapen palabras que no diríamos en clase o ante los abuelos. Una cosa es soltar un taco porque te han eliminado, y otra muy diferente es atacar alguien por cómo es o hacerlo sentir pequeño cada vez que abre la boca. A menudo, con la excusa del “solo es cachondeo”, se cuelan insultos machistas, racistas, homófobos, comentarios sobre el físico, la salud mental o la discapacidad que pueden hacer mucho de mal.
Seguro que alguna vez lo hemos visto: alguien dice “es broma, tío, no te ofendas” después de haber pasado de la raya unas cuantas veces. O quizás nosotros mismos hemos notado que, cuando nos enfadamos, utilizamos palabras que atacan cosas que la otra persona no puede cambiar: su cuerpo, su orientación, su historia. No se trata de irnos autofustigando por cada frase, pero sí de parar un momento y pensar a quién estamos haciendo daño con el que decimos.
Nos podemos preguntar: ¿reiríamos igual esta “broma” si fuera dirigida a nosotros o a alguien que queremos? Podemos escuchar el tono de voz de los otros, o como participan al chat, y ver si realmente se lo están pasando bien. Si vemos que alguien se apaga, calla o deja de hablar, quizás es señal que el cachondeo ya no tiene ninguna gracia.
Todos nos equivocamos y todos decimos cosas de las cuales después nos arrepentimos. El que marca la diferencia es que basura después: podemos pedir perdón, cambiar la manera de hablar y, incluso, ser nosotros quien paramos los pies cuando vemos que a alguien le están haciendo daño. El chat del juego no es un lugar donde todo se vale. El respeto no es un modo opcional: es la base porque todo el mundo pueda jugar tranquilo.




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