
En muchos juegos en línea, el problema no es solo perder la partida, sino cómo tratan a tu hijo o hija cuando pierde, cuando es nuevo/a o cuando es diferente. Discriminación significa recibir un trato peor por formar parte de un grupo: por ser chica, ser más joven, tener acento, ser LGTBIQ+, tener una discapacidad o simplemente ser “noob” (novato/a).
En los chats de voz y de texto es habitual encontrar insultos machistas, racistas, homófobos o comentarios burlándose de cómo juega alguien. Algunos adolescentes lo viven como “solo una broma”, pero para quien lo recibe puede ser una punzada constante en la autoestima. Repetido cada tarde, deja huella.
También existe una discriminación más sutil: no escoger nunca a una chica para liderar el equipo, reírse siempre de quien juega peor, expulsar en silencio al compañero “que molesta”. A veces, chicos y chicas que nunca se atreverían a decir ciertas cosas cara a cara, sí lo hacen detrás de un micrófono o de un nick anónimo.
Como familia, podemos ayudarles a poner palabras a lo que ven y viven. Preguntar: “Cuando juegas, ¿ves insultos o bromas que no te parecen justas? ¿Cómo te hacen sentir?”, puede abrir conversaciones muy valiosas. También es importante validar si nos cuentan que han sido discriminados: no minimizarlo con un “no le des importancia”, sino reconocer que es serio y que merecen espacios de juego respetuosos.
Conviene recordarles que nunca es culpa suya, que alguien les insulte por cómo hablan, por cómo suena su voz o por equivocarse en el juego. Y podemos insistir en que ellos y ellas también tienen margen para actuar: no riéndose de la broma, saliendo de ese grupo o apoyando a la persona que ha recibido el insulto. Eso les ayuda a sentir que no están indefensos, que tienen capacidad para cambiar, aunque sea un poco, el clima del juego.




Deja un comentario