
Aunque a nosotros no nos hayan insultado nunca por el que somos, seguro que hemos visto situaciones donde alguien del grupo se lleva siempre la peor parte. Puede ser la compañera que recibe comentarios machistas cada vez que habla, el chico o la chica racializados a quien siempre recuerdan de donde viene, la persona LGTBIQ+ que se convierte en diana de bromas, o alguien que habla diferente a la mayoría. Ante esto, es muy fácil pensar que no podemos hacer nada o que, si nos metemos, el próximo blanco seremos nosotros.
No hay que convertirnos en héroes ni ponernos en situaciones peligrosas, pero sí que podemos ser aliados o aliadas de formas más discretas. Podemos enviar un mensaje privado a quien recibe el odio para decirle que lo creemos, que nos ha parecido injusto el que le han dicho y que, si quiere, podemos seguir jugando en otro grupo. Podemos usar las herramientas del juego para denunciar conductas graves y bloquear usuarios que no paran de insultar o amenazar. Incluso podemos decir en voz alta que aquel “cachondeo” se ha pasado de la raya y cambiar de tema sin montar un drama.
También va bien revisar como hablamos nosotros. Aunque no formamos parte de un colectivo discriminado, podemos decidir no utilizar su realidad como insulto y darnos cuenta de cuando estamos ayudando a crear un ambiente que hace sentir mal alguien otro. Reconocerlo y cambiarlo no es ser débil: es tener mucha fuerza.
Cuando unas cuantas personas deciden no reír las bromas que hacen daño, el ambiente empieza a cambiar. Quizás no arreglaremos todo el mundo gamer, pero para la persona que está a punto de desconectar por siempre jamás del juego, saber que no está sola puede hacer una diferencia enorme.




Deja un comentario